Desperté, igual que despierto todos los días, con la idea de un nuevo rumbo a esta historia, de poder dar el punto final. Evito conversaciones de penas y mal de amores, conversaciones donde inevitablemente me preguntan por ti y si seguimos juntos, conversaciones donde soy el centro a juzgar y tu el tiro al blanco, se encargan de ensuciar mas nuestra historia, mas de lo que ya esta hecho por nosotros mismos, sin saber que todavía hay una herida sin cicatrizar, sin cerrar.
Porque en definitiva, la separación, el duelo, es eso, una herida a cicatrizar, como cuando nos lastimamos una rodilla y hay que esperar que cure solo, porque si rascamos la cascarita por debajo sigue todo en carne viva. Y así me siento yo, como una cascarita a la que raspan y vuelve a abrirse, vuelve a sangrar y a doler, y a veces, vos mismo te encargas de que eso suceda.