Amanecía y la luz comenzaba a entrometerse por la rendija de tu ventana, desperté y temerosa abrí los ojos, deseando que esa noche no terminara, no poseia deseos de volver a la rutina, de volver a mi casa.
El sol empezaba a invadir tu habitación, tu cama, nuestra intimidad, se comienza a dibujar tu silueta entre sabanas y almohadas, tus ojos y tus lunares, tu nariz y tu boca... Despiertas, me miras y me sonreís, volves a cerrar los ojos, me abrazas, nos dormimos, el paraíso.